Agonizando de dolor empezó a tembar, a notar el cosquilleo endemoniado alrededor de todo su cuerpo; enloqueció en sólo un momento; perdió toda su vida en ese instante; el aire se esfumaba de su cuerpo mientras sus ojos que estaban en blanco, iban cerrándose. Ya no sentía más que frío. No veía otra cosa que no fuese la muerte, que ahí se asomaba.
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