Se arropó entre mis brazos y yo sin saber, como negar mis sentimientos, no hice otra cosa que darle un instante de dulzura. Sus ojos cristalinos me pedían silencio, sus lágrimas derramadas empapaban mi pecho y al respirar, cogía de mis mejillas, susurrándome perdón; como un fruto prohibido, alejando su alma de mi cuerpo, acercando su cuerpo a mi alma. Y pensé en ti; me colgué de la vida, dejándote atrás por un instante hasta que el fuego de la hoguera dejase de tener fuerza. El gozo de su cuerpo en mis ojos me juraba amor y yo, yo pensé en ti, cerrando los ojos, disfrutando de sus besos, recordando su nombre, pero el tuyo no.
Las gotas de lluvia golpeaban la ventana; fuera estabas tú, mientras que mi alma pertenecía a otra persona sólo un instante, un momento, ahí estabas tú; paseando por las calles encharcadas, pensando en mí, creyendo que la perfección existe entre dos personas; lo siento, pensé en ti, y me olvidé de tu nombre; sólo fue un instante, unos segundos que se hicieron eternos; o una eternidad que se hizo un solo instante.
Despertó entre mis brazos; yo no quería.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada