SIR NICKOLÁS

Estela.

Estela se sienta en el sillón enfrente de un televisor apagado; llora. No recuerda que es el amor, ni la última vez que amó. ¿Cuántos años pasaron? Quizá dos, o tres. Tal vez meses. Cuando tocan la puerta, cuando escucha la puerta sonar, no se gira para ver quién es; cuando entran, sus ojos se cierran y sus pupilas entonces se desvanecen.
Estela se encierra en una botella, y sin ton ni son, enloquece, se vuelve loca, la locura invade su cuerpo haciéndola caer por el balcón imaginario de la botella de cristal con el barco al fondo en un océano salado, se hunde en él. Estela ve los rayos de sol que reflejan el arriba del océano, dónde no es capaz de llegar, dónde por más que nade, sus brazos no tienen fuerza ya para salir.
Estela deja de llorar; deja el sillón con vistas al televisor apagado, va al lavabo y se desnuda. Se mira al espejo; sus ojos vuelven a ser llorosos. ''Tampoco creo estar tan mal'' Se dice. Se gira, da la vuelta, vuelve a mirarse, esta vez recogiéndose el pelo largo para verse un poco mejor; un poco de los hombros, otro poco de la nuca.
Estela desea de nuevo navegar por el barco de vela, esta vez, de la botella de cristal.
Y navega, sin caerse por el balcón imaginario, navega y ve flores; ninguna tan bonita como le gustaría ser.
Estela sólo se sienta en el sillón enfrente de un televisor apagado, e imagina su mundo en rumbo a un corazón fallecido.

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