SIR NICKOLÁS

Nickolás.


Besé muchos sapos durante tanto tiempo, que perdí la esperanza en todo aquello del amor, hasta que te besé, convirtiéndote en mi pequeño príncipe, al que cuidar, conseguir cada deseo a tu petición, y amarte por siempre jamás.

Llegaste a mí una noche de agosto y tormenta; con rayos incluídos. Durmiéndote entre mis brazos con ronroneos, agradeciendo el hogar calentito que Kipling te concedió hace ya muchos siglos, cuando te ocupabas de tu primera vida, y sólo eras un cachorrillo sin experiencia.

Dicen que eres un mujeriego, un mosquetero como Aramis, que lucha con espada y sin escudo, sin obtener nada a cambio. Que eres el malo del pueblo, que se esconde entre las esquinas para atacar a quien moleste en tu territorio, mientras que te escondes para vigilar que nadie robe el cariño que sólo a ti te dan y sólo tú, nadie más que tú, merece. Pero para mí eres un caballero, galán y valiente, con antifaz y capa negra. Misterioso y sigiloso.

Agradezco el honor de tenerte entre mi pecho; agradezco las horas nocturnas pasadas en mi cama, vigilando que nada ni nadie interrumpiese mi sueño. Y viceversa.
Agradezco los maullidos para llamar mi atención; que me acompañes siempre al leer un libro, que hayas perdido la mitad de mis pulseras, collares, o cosas que puedan llamar la atención de tu interés. Agradezco que hayas entrado en mi vida, tal como me has dejado entrar en la tuya.
Siempre tan atento, siempre tan dispuesto a querer darlo todo por unas caricias. Y aún no sabes, que te las regalo tanto como regalo mis besos en todo tu cuerpo.
Agradezco que me hayas hecho enloquecer. Porque he enloquecido tanto por amor como una madre con su bebé en brazos.

Sí, he enloquecido; eres mi única existencia, mi sustento, mi felicidad. Has encontrado en mi alma lo que nadie ha encontrado, has entrado en ella, te has apoderado de mi cuerpo, manejándolo a tu antojo, pero queriéndome, y haciéndote querer.

Mi hijo, mi pequeño, mi bebé, mi caballero y mosquetero Aramis. Mi chico malo, mi personalidad, mi alma. Eres alma en cuerpo de gato, desesperado por amor, por cariño, por atención.

Nadie puede jamás sustituirte, nadie podrá jamas entender mi amor enloquecido, pues por ti, sólo por ti, daría la vida entera. Sólo por ti, bebería de donde no debo beber; y sólo contigo, compartiré alma y vida.

1 comentarios: